No me gusta hablar de política pero...
En el transcurso de la historia de México, han desfilado una serie de mandatarios cuyas propuestas y promesas alguna vez han hecho al pueblo vislumbrar un futuro diferente, un cambio, el “ahora sí”. Desgraciadamente lo que sigue a cada uno de estos personajes es una triste decepción; pero algo fabuloso sería que solamente una desilusión fuera el producto de una mala elección (si es que acaso se respeta una elección), grandes crisis económicas políticas y sociales se han hecho presentes como plagas en nuestro país.
Todos los políticos y tecnócratas creen tener la solución para estas crisis, los tecnócratas piensan que la solución está en la economía, en atraer capital al país, pero no se detienen a analizar que el problema va más allá de una inversión o de unos billetes rojos para el pueblo, la crisis más fuerte es la social.
Es necesario plantearse la pregunta ¿funciona correctamente la sociedad mexicana? Algo que nos hace falta como país es que esta sociedad se convierta en un equipo, suena difícil que ciento tres millones, doscientos sesenta y tres mil, trescientos ochenta y ocho habitantes (INEGI, 2005) realicen un eficaz trabajo en equipo, pero en eso radica la respuesta. El problema es social, por lo tanto la solución está en la sociedad (incluyendo y sobretodo a los políticos y tecnócratas).
¿Cómo controlar a millones de personas? Aunque suene utópico, el medio es la voluntad, la voluntad de cada quién por controlarse a sí mismo. Desgraciadamente esa voluntad brilla por su ausencia, no podemos confiar en el extraño que está sentado al lado en el autobús, en el vendedor que ofrece un producto muy barato (porque por algo lo da así ¿no?) y por consecuencia los demás tampoco confían en tí. No se sabe cuando, no se sabe exactamente en dónde ni cómo, pero la confianza del mexicano ha muerto, y desde entonces nos la pasamos buscando al asesino. Sorpresivamente como en algunos libros y algunas películas de misterio, el culpable resultas ser tu mismo, el lector o el espectador.
En este país todos somos víctimas, el desempleado, el estafado, el condenado injustamente y hasta el gobernante incomprendido. Contradictoriamente este es el país de los luchadores héroes (el santo, blue demon…). El villano aunque no lo parezca es uno mismo, hay que luchar en contra del corrupto que cada quien lleva dentro, del ladrón que se queda el celular que se encuentra, del mentiroso que le es infiel a su esposa, del abogado que defiende a un culpable por dinero.
Todos y cada uno de nosotros, por opinar de política, creemos que seríamos el presidente perfecto, “la gobernadora debería hacer esto y lo otro y no aquello”, “los diputados y senadores se la pasan dormidos y flojeando” decimos de este lado, sin embargo como se muestra en la película Mexicana “La Ley de Herodes” (1999, Luis Estrada) cuando estás del otro lado y tienes el poder en tus manos, aunque tengas buenas intenciones, al final terminas siendo un político corrupto más.
No se trata de introducir más dinero a México, no seamos materialistas, el dinero ya lo hay pero ¿dónde está?, esta pregunta se queda al aire ¿hasta cuando?

Mientras caminaba por la calle de regreso a mi casa después de un arduo día de clases, pensaba en que tenía que realizar una tarea en la que debía expresar lo que es la comunicación, comencé a observar a mi alrededor en busca de respuestas y creo que encontré más de las que me imaginaba: primero un hombre en un automóvil me cedió el paso al querer cruzar por la calle hombres ilustres, yo moví la cabeza de una manera que el entendiera que le estaba agradeciendo, justo entonces escuche una voz que gritaba mi nombre y que me hizo girar cuarenta y cinco grados en busca de quién me llamaba, era un amigo que no veía desde hace mucho, como estaba lejos, sólo le dije adiós con la mano y seguí mi camino, mientras caminaba no podía dejar de mirar los anuncios espectaculares que sobresalen de los techos de los establecimientos, "Lo mejor de pelearse es la reconciliación", "disfruta coca cola", "motel la fortuna", "cerveza estrella", "¿y tú ya preguntaste...inscríbete ya a...?" en fin, justo cuando pensaba en que el sol estaba más fuerte que otros días sentí un vacío en el estomago donde bien podrían caber una gran hamburguesa y un agua de fruta, deseaba llegar pronto a mi casa y llenar ese vacío. Entonces dirigí mi atención hacia los letreros que se distinguen en las fachadas de los locales que pasaba, "antojitos Josué", "Gorditas Magda", "Boutique el Buho", "Tortillería la automática" veía como la gente entraba y salía con los productos que necesitara. Apresuré el paso pues entre más rápido llegara a casa, más rápido comería. Abordé un camión urbano con una franja color verde ruta 4, sin hablar sólo le pagué con los únicos $3.50 que había en mis bolsillos, me dio un boletito y me fui a sentar. En el transcurso escuchaba cómo todos hablaban, las señoras con su mandado que venían del mercado, los estudiantes hablando de sus tareas, en fin abandoné el autobús mientras le decía gracias al chofer. Al entrar a mi casa les saludé con el cotidiano "ya llegué", y me dirigí derecho a la cocina, saqué una coca cola del refrigerador y recalenté unas gorditas que habían quedado del día anterior, entonces de pronto me olvide del hambre que aquejaba mi estómago pues había descubierto la respuesta a mi tarea.
La comunicación es un conjunto de ideas que todas tienen de por medio informar. Por diferentes tipos. Como lo son el radio la televisión el teléfono; pero la más común es el internet que es el medio masivo mas utilizado por la gente, ya que esto no sirve para saber que es lo que esta pasando al otro lado del mundo.


